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lunes, 1 de julio de 2013

FALSO AMOR, Daniel Zetina, México





FALSO AMOR
Daniel Zetina


portada
Álvaro Sánchez
(Guatemala)



Nota: Esta poesía fue escrita para una persona que no existe, 
para alguien que no es y nunca fue lo que dijo ser. 
Quizás sea en realidad para una persona real, 
que tú conoces y que le pueda gustar escucharla al oído.


A Helena

Prefacio
Llegó una mano
y la oscuridad pronunció el nombre de las horas.
No diré nada que no sea cierto.


El aroma del viento

La carne cuando choca duele.
Bienvenida la sangre de los caídos,
los atormentados que desayunan despacio,
quienes muerden los puntos de la aurora,
los mejores, los desaparecidos.

Marchemos al refugio,
con la miel de puertas abiertas
en los perímetros de la casa oscura.

Las ventanas acercan cada segundo el viento.

Dejo el camino
y tomo la vereda más grande y pura
de tus perlas de agua.

Que se vayan
los que no estuvieron despiertos,
que se larguen.

De este pecho no mamarán los pobres
ni los cobardes.

Nuestro cielo es un incendio que se acerca.

Las piernas muerden el espacio.

Tu leche es el color de la madrugada.

El sudor renombra el tono de la carne.

Es muda la estrechez que nos abrasa.

Espérame en la esquina del espejo,
voy a refugiar las heridas en la almohada.

Dormiré tranquilo:
los cuerpos cuando chocan mueren,
los niños desnudos ya no hablan,
tu risa cruza, eternamente, la madrugada,
la sangre es vigilia.

Cuando encienda la luz voy a perderme
y te miraré cantando.
Anidaré en el contorno de tu vientre,
me llevaré en tu pelo la nostalgia.
La piel es pura
y nunca llega despacio.



La voz de mis pasos canta,
rinde culto a un amor de pan,
de brazos abiertos,
a nuestro día.

Las mañanas descubren el velo,
el viento corre entre mis piernas antes de partir,
antes de ocultar estos, mis pasos,
esas, tus palabras.

Mañana seremos otros,
nuestros pechos exigirán un rincón de pasión
para nuestras horas. 

Entrégate a los ojos de nuestra soledad oculta,
y lo mismo que soy
cuando el fuego de tus manos
me toca en silencio.


Declaración
La luna me dirá secas palabras,
mujer, por no tenerte.

El ánimo se esconderá tras los cojines,
y maullarán de pena las mañanas.

Entonces,
querré justificar que la soledad no cuesta,
y estiraré, llorando, seco,
mi voz hacia tus pasos.

Anidaré en la peña de los tardíos amores sin estrella,
en el mar de los petrificados.

Si no te lo digo hoy,
sabré lo que escriben las flores caídas.

La brecha del deseo volverá a mí,
lamentando el peso de mi mano en tu distancia.

La caricia más pobre será el dolor que derramen las uvas.
La grieta en las horas hará culto de los malentendidos.

Naufragaré en el éxtasis, en el ocaso.

De noche diré cuánto me falta
el aire de tus ojos,
dibujaré estas palabras
y con párpados yertos
rezaré la fe de los perdidos.


Estación
Vendrá la vida
para regalarte flores,
toronjas y mis manos.

Amanecimos en la tardía estación de los pecados.

Mujer milonga,
mira los crisantemos
y aférrate a la ventana,
que nos lleva el viento,
que nos pierde el alba.

Es angosto el tiempo,
este sendero.

Tocaré tus palabras
cuando no lo pienses,
cuando tu deseo se vuelva encrucijada.
Antes, cerraré la luz
y el canto de la afonía
me aguardarán tus manos.

Iré a la fuga,
lloraré el recuerdo de la magia
y regresaré con música de fiesta a tus brazos.

Hoy como ayer
las mejores notas de mi voz te están buscando.


Pequeños misterios
Voy a morir de fe y de viento,
daré vuelta a las caricias
y te arrancaré de tajo,
te arrodillaré,
te guardaré culto,
mis yemas recorrerán tu casa.

Virgen del Miedo, Virgen de Fuego,
alumbra el polvo de la aurora que crece,
rompe todo lo que diga miedo,
revela por qué es verdad la vida
y por dónde escapa o vuelve el sufrimiento.

Quiero quedarme sin ganas,
antes de mí,
a contemplar esta sinuosa veta,
que pasa como un tren por el desconsuelo.

Como el llanto que cierra los ojos,
voy a hacerte reír donde se acabe el tiempo.


Murmullo
El mundo conocerá tu amor
cuando lleguen las palomas a la puerta.

El nombre de quien amo es un templo,
la incógnita perpetua,
mis horas de espera.

Amar,
ocultando el rostro,
es un dulce atrevimiento.


Está obscureciendo
No te calles.
Son eternas las horas que nos quedan,
nadie puede negar la primavera.

Catarina revoltosa,
eres un infinito mes de marzo.

Tu nombre arde a cuatro manos.

El espacio se queda mudo.

La respiración mide la distancia
y no pide permiso para saciarse.

El día es posible si eres el destino que guía,
la madrugada que hierve,
el café con que lavas el pasado.

Asiré tu espalda contra mi pecho
y cuando el mundo voltee
le faltarán motivos para abandonarnos.

Vamos a quedarnos de pie, mirando, eternos, líquidos,
igual que niños, cómo los labios se preñan.

La noche vendrá más temprano si estamos cerca.


En medio
Hoy el oro del otoño destila tu sudor entre las sábanas.
La noche espera, virgen,
que asaltemos el verbo del eterno génesis.

Animales al asecho,
víctimas del fruto esperado,
locos que se arrancan la ropa
y se comen el tacto.

Con vino de fiesta resbalaré por tu espalda,
y correré despacio mi cuerpo entre el palco de tus caderas.

Turgentes,
los pechos contarán los minutos.

La bestia de tus manos vendrá por su adolescencia,
entera, goteando de gusto.


Después de las horas
En el camino,
entre placeres y dolores,
está nuestra cruz,
aquella bandera,
los pasos perdidos,
el sudor del viaje,
mis brazos en naufragio,
la pasión,
la tela del calvario
que asoma la quimera
de los días probos, plenos.

Callamos
y aún es nuestra voz un eco alado.

Hombros descalzos recorren los segundos,
bailan de ayer y de hoy,
de impaciencia.

Mira el papel,
mira que el sol,
irremediablemente,
te corresponde ahora más que nunca.
El sol de flamas abiertas
el que amonestó la espera.

De pie veo,
húmedo,
cierto,
tus venas,
y el polen de la luna
nos recuerda que somos eternos.


Baile
Bienvenido sea el misterio de la sombra
y la sed que derraman tus pechos.

Voy a escribir tu cuerpo
hasta que la letra se canse de abrazarlo.

Voy a gritar la furia,
mi desesperada emoción por desterrarte.

Cuando escriba la fecha serás futuro,
y se volcarán tranquilos la sed y tu espasmo.

Tus pezones rojos colmarán mi estación de sueños
y seré discípulo de los santos,
maestro de las palabras.

Cuando quiera tu canto convertirse en lecho,
escuchará la pasión de los mártires,
la paz de los condenados.
y al dios de los descalzos
decir que te estaba esperando.
Cando digas amor romperán las olas.

Nunca más las promesas castigarán los destinos
ni las gotas de la brisa reclamarán su pago.

Todo empezó ahora

que la vida se ha vuelto alegre.


A partir de hoy,
voy a hacerte el amor con las pestañas,
bailaremos un son
y la vida renacerá en tu tacto.


Voy a amanecer cantando,
a recoger tu nombre en las miradas ajenas.

Vuelve,
las horas de ayer se estacionaron en el cuarto.

Aquí te aguardan
el misterio que recogió tus brazos
y la música que guía el destino hacia el silencio.

Te espero entre la risa y tu camino,
no han cerrado las puertas de lo eterno.


Ilusión
Todo será perdonado ante tus ojos.
La luna dirá a este mundo tu desvelo.

Los días vendrán,
el aire va a correr para abrazarnos,
el canto de los océanos reirá a tu paso
y el mar llorará de amor sobre la playa.

Todo será cumplido.


Canto
Una inquieta mansedumbre.
El grito de tus pasos se acerca.

Apenas unos minutos
y una verdad correrá al por el río.

Esta noche,
la locura disfrutará un homenaje.

Gracias a tus manos,
hoy la cordura no es remedio para la fiebre,
sino el hambre que llena mis pestañas
y cuando muerde te contagia.

Bienvenida seas a la gloria,
a la aventura,
y mañana seguir,
y el pasado nos tiene envidia
porque caímos de momento,
acontecimos a la magia.

Bienaventurado folaje,
ramas verdes,
de laurel herido,
espesura de risa y de nostalgia,
ojos amplios,
promesa de vivir
sin pensar en nada.

Llegaste con una canasta de cera y vino
y ahora te vas a bañar en casa,
tranquila,
mientras mires copular
los pájaros en la azotea.

Después todo se acaba.
Hoy la prisa esperará en la calle,
no hay tiempo ni campanas ni lugar,
es sólo siempre hoy
cuando los pétalos en tu vientre
se encuentran y adivinan.

Siempre será hoy.

Enamorado,
perdido,
el amor es una manera de encontrar
y descubrirnos,
es refugio por las noches
casa para el domingo,
remanso.

Es también la virtud de sentirse más firme sobre la tierra,
la verdad de vivir ante tus ojos.

Ayer miraste el espejo
y te descubrí reflejando mis pasos.


Arriesgándome a vivir el tiempo como un suspiro,
renuncio a la soledad buscando el día.

Dame tus brazos y un grito fuerte
y la paz del mundo se refugiará en mi pecho.

Tus manos buscan el olor de las manzanas
en mis hombros que te besan,
en la brisa clandestina que te inventa.

Sigamos, antes de que el mundo se entere de este aroma.

Muere con tu aire el pasado posible,
las promesas del futuro.

Hoy me entregas a tu cuerpo,
a la posibilidad de recrearlo todo en tu sonrisa.

Descansaré mi carne sobre tu cuaderno
para volver a ti,
a mí, enfebrecido.

Las manos se tornan pequeñas para estrenarnos,
mientras el aroma,
incluso el aroma,
borra viejas melodías
y saca el animal del escondite.

Viene el tiempo de la fe,
miradas comentando nuestro canto de retinas,
esteros colmados de uvas satisfechas.


La luz de tu vientre reverdeció mis pasos.
Me quedo,
mujer,
te miro
y el aire se vuelve ligero
entre tus piernas.


Nuestro
La lluvia cae despacio,
boca arriba,
al encontrarnos.

Las plazas de Querétaro
y las nubes de abril
esperan regresar hasta que estemos listos,
llenos de tiempo juntos de entrega.

Mi pluma encuentra tu voz
y descubre su necesidad de aroma,
su dolor de piel,
tu aliento.

Robo los minutos para sudar sobre tu pecho,
para mirar esta cumbre de amor sobre las olas.

Un día cantaste la brisa
y se abrieron mis ojos a tu cielo.

La vida es verdad,
invitemos a todos a esta primavera.
Mi sudor va a correr cantando hasta tu vientre.

Nos esperan las hojas del otoño,
la miel de nuestro eterno sol de mayo.

Cuando nuestra mano-corazón sale a la calle,
alguien se queda mudo mirando el cielo.

Aprendimos a ser la claridad del alba,
por eso se apagarán, distantes,
el dolor y la indiferencia.

Gritaremos,
mojaremos la arena del canto de amor
más benigno sobre la tierra,
venceremos.

Tu tacto de piel,
cuerpo de manos,
tus pechos que acarician,
cariños labios,
por humedad,
gaviotas caderas se piernan.

Entre las gotas de mi cuello
vuelan los humores más viscosos de la carne.

En lo alto de los cuerpos,
pan y primavera
buscan el sexo en nuestros ojos,
reflejo del instinto
que en la sombra recorre nuestro lecho.

Amigaentrega,
se cumplirán las horas
y sean verdaderos los espejos.


Recuerdo que a la mañana siguiente
solo existió un poema en el viento.

Reconozco que elegí,
entre el día y la distancia,
tu amor de pétalos
en versos enloquecidos pasos,
y la mi vida cambió de piernas,
el mundo entregó las llaves.

Entendí que la felicidad es un camino despacio,
que por dos se nutre y entre dos renace.


Iré y vendrás
al encuentro indiscutible
de los pétalos carnosos que nos llaman.

De alegría corren las gotas
por el rostro apasionado
que nos refleja,
ahora,
que nos bautiza,
hoy,
y crece en el fulgor
de un choque de manos
que nos gobierna.


Cansados,
amanecimos a un destino posible entre las sábanas
en el alba fugaz, en el misterio.

Descubrimos que la sombra distribuye,
sobre los actos, las palabras.

El único enunciado completo
que nos abarca,
que nos abre,
después del fuego y de la lluvia,
es el que no exige,
no pregunta
ni responde nada.

Voy a tocarte,
mis manos,
entre el sueño,
mi pecho,
aire,
en dos palabras.

Todo se junta en humores,
caprichos, sacrificios.

Lo que fuimos,
hoy somos,
y también,
despacio,
vamos naciendo al asombro,
al reflejo,
a las mariposas.

Te besaré en el pasto,
en la roca,
en la furia del mar,
en la pureza del viento.

Fuego mío,
despierta,
otra vez,
y llora,
si es necesario,
pero vuelve a amar,
corazón, hoy,
lo más honesto.

Bienvenidos sean los penitentes
que sólo pueden darse amor
y se permiten no entender el mundo,
no atender las cosas.

Vuelve siempre,
regálame tu azúcar de amor como un sudario.





En tu cuerpo,
con las manos,
en piernas abiertas,
fundaré un destino,
menos agrio,
más alegre que el recuerdo.

La verdad de tu mirada
vuela en las horas húmedas mientras te beso,
con el suspiro que corta el tiempo de la madrugada.

Desanudo mi garganta,
para abrazar tu amor mañana.



El fruto
La alegría más poema quiere ser cascada entre tus piernas.

Soplo desnudo,
sombra inequívoca de mi instinto,
estrecho que reúne en tu cintura
mis largos y emplumados brazos.

Cantar cuando morir es nacer a gritos,
caer en lluvia,
sobre los sueños bugambilias que te bañan,
cuando se apartan las horas desnudas que nos pueblan,
y quedamos
hombre y mujer
empapamados.


Voy a mirarte venir mientras te rezo,
con el suspiro en medio de la piel que te gobierna,
en las manos como frutos
y el instante amaneciendo
en el mítico ritual de las caderas.

Voy a derramarme de piel
como una veta que ha encontrado
el camino vital para dos cuerpos,
dos sendas buscando un crucero
para decir adiós al vicio y a la ausencia.

Vamos a seguir escribiendo cuando amanezca,
cuando el canto reclame el juicio de los días en duermevela,
cuando el sudor nos lleve,
inciertos,
a seguir compartiendo esta brecha.


Junio

Debo tomar tus ojos,
mientras te arropo en mi tormenta,
para saber,
desnudo,
completo,
que no hace falta más que amarte entre las hojas,
para hacerte soñar ante el misterio
que nos pide conservar este desvelo.


En la animación de la brisa
los cuerpos se esperan sedientos,
con bríos cargados de impaciencia,
abriendo los brazos,
escribiendo:

Recordar un beso de miel que canta,
dibujar la eternidad en nuestros cuerpos.


Recuento

Las metáforas te buscan y te encuentran.

La esperanza,
tísica del tiempo,
hoy infla el pecho y nos saluda.

Lo que no diga basta nos pertenece.


Tu mirada
Atardecimos recostados bajo la lluvia
y una plegaria apareció,
viento de agosto,
en nuestra puerta.

Después de las noches
encuentro tus manos en mis ojos,
locura enternecida sin ropa:
mi patria es tu mirada.

Nos van a encontrar,
inmutables,
al entregar racimos de abrazos al desierto,
sonriendo amaneceres,
mientras te miro dibujar nuestro silencio.


Epílogo
Las uñas marcan las horas,
invencibles.

En el invierno reverdecen los pasos.

Es hora de romper el tiempo.

Vendrá la vida
y con ella vendrá la vida.

SEMBLANZA DEL AUTOR


Daniel Zetina 
(1979)

Escritor y editor. Ha desarrollado su labor principalmente en el estado de Morelos. Autor en poesía de Continuación de las causas (Casa del Poeta Peruano, 2005) y Alabanza del libro (Astrolabio, 2013), en cuento de El colchón (Editoriala, 2011) y Mentiras piadosas (Instituto de Cultura de Morelos, 2012) y en novela de Cuarto en renta (Ediciones Clandestino, 2012), ha aparecido en diversas antologías. Ha recibido las becas como escritor y editor. Estudió la Licenciatura en Letras y la Maestría en Producción Editorial por la UAEMorelos. En 2004 fundó EdicioneZetina. Ha publicado géneros periodísticos y literarios en medios como La Jornada Morelos, La Unión de Morelos, Diario de Morelos, El Regional del Sur y en revistas de diferentes estados. Editó publicaciones literarias como Tabique, Humanidad es, Orla y otras. Actualmente escribe poesía, novela y minificción.


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Imagen de portada
Álvaro Sánchez
(Guatemala)

contacto: sanchezisdead@gmail.com 

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